La voz del intérprete: Walter Kerr

Cultura de ética y afán de aprender – puntos clave del ejercicio profesional según el intérprete presidencial argentino.

Walter Kerr es intérprete presidencial en Argentina y una persona que siempre ha valorado el enfoque profesional y la importancia de la formación continua. Subraya que lo fundamental es amar lo que se hace y nunca dejar de aprender. Con la esperanza de inspirar a estudiantes y jóvenes intérpretes, nos sentamos un día para conversar con él sobre la profesión de intérprete de conferencias.


Olga Álvarez de Barr (OAB): Walter, ¿cómo llegas a la interpretación de conferencias?

Walter Kerr (WK): Supongo que mi historia es una historia bastante habitual entre los intérpretes. Primero me formé como traductor, en lo que en Argentina llamamos traductor público, es decir, un traductor con una formación principalmente jurídica. De todas formas mi objetivo a mediano plazo era dedicarme a la interpretación, pero me parecía muy valioso contar con una formación en traducción escrita justamente por la amplia exposición a temas, y experiencias, y a partir de ahí especializarme en el campo de la interpretación. Esa fue la secuencia que terminé desarrollando en mi historia profesional.

OAB: ¿Cómo entras en contacto con AIIC?

WK: La primera asociación de la que formé parte fue la Asociación Argentina de Intérpretes de Conferencias (ADICA) y dentro de esa asociación había varios intérpretes muy reconocidos. Cuando yo me vinculé con la asociación argentina, esos intérpretes me recomendaron muy fuertemente que me pusiera en contacto con AIIC, en primer lugar por la combinación lingüística con la que yo trabajaba y, en segundo lugar, también, porque les parecía útil que yo ya desde una edad relativamente joven pudiera estar en contacto con un ámbito de trabajo en el cual pudiera aplicar todos mis conocimientos, en un marco en el que las condiciones de trabajo son realmente óptimas, que es lo que justamente caracteriza a AIIC.

OAB: ¿Y cómo fueron tus primeros pasos?

WK: Creo que ha habido una etapa de interpretación informal en mi vida, y luego una etapa de interpretación formal. Como yo crecí en un contexto bilingüe, ya desde muy chico hablaba inglés y en vacaciones de verano cuando era adolescente a veces algunos conocidos del trabajo de mi padre me daban alguna pequeña tarea para realizar en sus oficinas. Y fue así que un par de veces estaba yo en la oficina y cayeron algunos llamados telefónicos. Como algunas de las personas que estaban en ese momento en la oficina no tenían buen manejo de inglés me pidieron ayuda y así informalmente descubrí que era una actividad muy interesante, sobre todo en esa época en la que el correo electrónico, hasta el fax y demás medios de comunicación y de transmisión de información eran casi ciencia ficción. Recuerdo que me era fascinante levantar el tubo del teléfono y súbitamente estar hablando con África desde Buenos Aires. Eso me fue ayudando a desarrollar ese gustito por la interpretación, lo internacional, el contacto con otras culturas, otros idiomas.

OAB: ¿Qué consejo les podríamos dar a aquellos intérpretes de conferencias que dan sus primeros pasos en sus respectivos mercados?

WK: No sé si podemos hablar de consejos porque cada historia de vida es distinta. Lo ideal sería que apenas uno termine su formación como intérprete trate de contactarse con una asociación como es AIIC, sobre todo para ir desarrollando desde muy temprano esa cultura profesional que es algo que me parece que promueve AIIC muy fuertemente. Y esa cultura profesional tiene que ver con los aspectos éticos, los aspectos que hacen nuevamente al tema de las condiciones de trabajo, la calidad, lo cual tampoco escapa a cuestiones prácticas como puede ser una buena remuneración que reconozca el esfuerzo que implica la interpretación –porque la remuneración del intérprete no cubre solamente el momento durante el cual uno esté interpretando, es decir, las horas de trabajo, sino todos los años de estudio que uno ha debido y deseado invertir en su formación, que por otro lado considero que es una formación continua. El intérprete por definición es un estudiante perpetuo.

OAB: Estaríamos hablando de todo ese aprendizaje que va más allá de saber las técnicas de la interpretación y que son el bagaje de conocimiento y saber del intérprete. Si tuviéramos que dividir la vida entre lo que se llama el tiempo cronos y el tiempo kairos, todos nosotros podríamos encontrar un segundo en que nos pareció que era una eternidad. ¿Alguna vez sentiste un segundo fatídico o un segundo imborrable dentro o fuera de la cabina?

WK: Fiel a mis genes anglosajones me voy a concentrar en el segundo “imborrable”, pero por lo apasionante. En realidad, mi primera experiencia como intérprete –una conferencia internacional en la que todos eran intérpretes de AIIC– fue el momento que realmente me marcó y el que recuerdo como un momento definitivo porque por primera vez me encontraba en una cabina, con colegas que desde ya tenían mucha más experiencia que yo, que tenían años de experiencia y años de conferencias similares. Ahí estábamos por empezar a trabajar con todos los idiomas en los cuales yo me había formado y estaba esperando ansiosamente que la conferencia empezara. Además, piensa que debía interpretar a oradores que hablaban mis idiomas de trabajo pero que provenían de países con los cuales uno nunca había interactuado en su vida, quizás países cuyo nombre había leído en un libro una vez, nada más. Había estudiado, sabía de su existencia, los había visto en el mapa pero nunca había oído hablar a ninguna persona originaria de esos países. Las posibilidades que tenemos hoy en día con Youtube y demás nos permite un poco ir explorando de antemano como habla un francófono de Malí, por ejemplo. Eso no existía en ese momento, era todo mucho más artesanal.

OAB: Y algo con respecto a tu experiencia como intérprete presidencial, ¿podrías compartirla? ¿Cuántos años hace que ocupas ese cargo?

WK: Yo empecé a trabajar como intérprete para la Presidencia Argentina a fines de 1997 con quien entonces era también la coordinadora de la entonces unidad de Traducciones de la Cancillería Argentina, la intérprete y traductora Ana Braun. Yo suelo decir que el intérprete que trabaja en el ámbito presidencial es en esencia lo mismo que un intérprete que trabaja en cualquier otro ámbito; la diferencia es que su cliente es un presidente. Y por supuesto, las mismas exigencias que se aplican a un intérprete en el ámbito privado en cuanto a ética, discreción, confidencialidad y demás se aplican a un intérprete presidencial, quizás con la salvedad de que esos deberes están potenciados por el tipo de consecuencias que pueden acarrear ya no para un grupo limitado o para una empresa sino a veces para todo un país; o las consecuencias quizás uno pueda pensar que son todavía más grandes. Este es uno de los aspectos que quizá yo remarcaría.

En cuanto a lo demás, no deja de ser la labor que caracteriza el trabajo cotidiano del intérprete: estar expuesto a personas de distintos países, a temas muy diversos, porque también uno debe estar preparado no solamente para hablar de política, sino de cultura argentina, de tango, de música, de una infinidad de cuestiones.



Recommended citation format:
Olga ALVAREZ-BARR, Walter Kerr. "La voz del intérprete: Walter Kerr". aiic.net. April 30, 2014. Accessed January 17, 2017. <http://aiic.net/p/6880>.



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