La voz del intérprete: Loreto Bravo

Nacida en Madrid y criada en Montreal, Loreto dirigió durante 10 años, del 1997 al 2006, el Servicio de Idiomas de la OPAQ (Organisación para la Prohibición de las Armas Químicas), tras haber encabeza

Conocí a Loreto en la Asamblea General de AIIC en Bruselas y me impresionaron sus ideas sobre la organisación de equipos. Es un placer poder entrevistarla ahora. 

MF: ¿Cómo llegaste a la interpretación? ¿Tienes experiencia en otras actividades profesionales?  

LB: Yo cursé estudios universitarios de literatura en Montreal, donde me crié. Por aquel entonces era frecuente que quienes querían dedicarse a la traducción estudiaran alguna filología.

Mi padre era funcionario de la OACI, y en ese organismo internacional me permitieron hacer algunas prácticas de interpretación simultánea en cabina muda, pero después de terminar mis estudios universitarios me establecí en España y encontré trabajo como traductora de empresa en una multinacional petrolera.  

Como entonces no existía en España la carrera oficial de traducción e interpretación, y para tener algún refrendo oficial, me presenté al examen de Intérprete Jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores, que paradójicamente consistía entonces únicamente en pruebas escritas.

Tras once años de trabajo como traductora dejé la Chevron y empecé a trabajar como profesional liberal. Poco después se empezaron a solicitar mis servicios de interpretación jurada ante los tribunales. 

Por aquel entonces, la APETI, asociación paraguas de traductores e intérpretes de España, organisó un excelente curso de interpretación consecutiva, que yo seguí para asegurarme de que los servicios profesionales que prestaba eran adecuados. Al poco tiempo empecé a practicar también la interpretación simultánea.

MF: Trabajaste de freelance en Madrid antes de entrar en una organisación internacional como funcionaria. ¿Cuáles fueron los principales contrastes? ¿Cambiaste de perspectiva y de opinión en cuanto a algún tema? 

LB: El mayor contraste entre el trabajo de un profesional liberal de la traducción y la interpretación y el de un funcionario internacional es que el autónomo suele trabajar con una variedad de temas, mientras que el trabajo del funcionario internacional se suele circunscribir a un número de temas relativamente limitado. Recuerdo que cuando dije a mi padre que me habían contratado para trabajar en la OPAQ, me pronosticó que iba a terminar tan harta de las armas químicas como había terminado del petróleo.

Dicho esto, por muy especialisado que sea el trabajo de un organismo o de una empresa, los intérpretes y traductores de plantilla siempre se encuentran en su trabajo con una variedad de temas; por ejemplo, las reuniones en la OPAQ cubren no sólo negociaciones multinacionales de desarme sino también temas médicos, científicos, jurídicos, financieros, militares, de seguridad, inspecciones técnicas, etc. 

En cuanto a la forma de trabajar, el hecho de contar con el conocimiento de fondo que aporta el ser funcionario permanente de una organisación y de poder beneficiarse de los servicios de apoyo organisados por la sección de idiomas – terminología, documentación, referencias, sesiones informativas previas a las reuniones, acceso a los especialistas y a las delegaciones para aclarar términos y conceptos – dota al trabajo del intérprete funcionario de una seguridad y una continuidad que facilitan enormemente su tarea respecto del intérprete por cuenta propia, que generalmente se tiene que ocupar de sus propios servicios de apoyo.

Por otra parte también se le exigen al intérprete funcionario una precisión y una calidad de trabajo elevadísimas y constantes, y a las dificultades inherentes a la interpretación se añaden en los organismos internacionales ciertas consideraciones políticas que pueden convertir a los intérpretes en “rehenes” de una reunión, ya que a veces se utiliza la interpretación (perfectamente correcta, por otra parte) como una excusa para dilatar negociaciones o salvar malentendidos.  

Estos “gajes del oficio” nunca son agradables para el intérprete, que sabe que ha hecho bien su trabajo, y al menos en mi experiencia sólo se producen en el contexto de los organismos internacionales.

MF: ¿Organisabas equipos de intérpretes antes de entrar en la OPAQ? ¿Qué diferencias percibes entre el trabajo del intérprete asesor freelance y el de jefe de intérpretes funcionario?  

LB: Antes de entrar en la OPAQ no había organisado equipos de intérpretes, y ahora lo hago muy raras veces. Soy muy perfeccionista y no me gusta pensar que podría tener que trabajar en condiciones que considero insuficientes.

En el momento de consolidar el servicio de idiomas a partir de la creación de la Organisación para la Prohibición de las Armas Químicas en 1997 tuve la suerte de contar con unos compañeros excelentes y un supervisor muy inteligente que, aunque no era profesional de las lenguas, supo comprender las dificultades propias de nuestra actividad, nuestras necesidades técnicas y de servicios de apoyo y la importancia política de nuestro trabajo, y nos valoró y apoyó plenamente.  

En la OPAQ se logró que el servicio de idiomas – y no las delegaciones – fuera el “dueño” de las lenguas, y el jefe de cada sección la máxima autoridad en el idioma correspondiente; esta situación obliga al servicio a realizar un trabajo impecable, pero también merece y obtiene el respeto y apoyo de todos los usuarios, tanto en la Secretaría como en los órganos normativos.

Por otra parte, el hecho de ser gestora del servicio y también profesional en ejercicio me permitió organisar las condiciones técnicas y administrativas en las que se realiza el trabajo de la sección de idiomas de la mejor manera posible desde la perspectiva de los intérpretes, porque podía explicar con conocimiento de causa el porqué de mis demandas a la administración y a las delegaciones.  

Reitero que tanto la calidad de los servicios prestados por mis colegas como su actitud profesional facilitaron en todo momento el reconocimiento de nuestra profesión y sus necesidades.

Como ya he dicho, ahora no organiso equipos prácticamente nunca. Velar porque el trabajo de los intérpretes sea de la máxima calidad y llegar a hacer comprender cómo funcionan los equipos de interpretación y por qué se tiene que trabajar en unas determinadas condiciones es difícil en cualquier caso, y hacerlo para cada cliente individual tiene que ser agotador. Admiro muchísimo a los organisadores de equipos e intérpretes asesores “freelance”. 

MF: Conoces AIIC pero también otras organisaciones españolas con criterios distintos. ¿Qué te llevó a entrar en AIIC?

LB: Yo siempre he sido una persona muy asociacionista, muy de trabajo en grupo y de establecimiento de redes de contacto. En los primeros años de mi vida profesional, y sobre todo durante mi primera fase como profesional liberal, trabajé mucho en la asociación profesional de traductores e intérpretes de España con miras a la mejora de todos los aspectos del trabajo de esas profesiones y de su reconocimiento.  

He de decir que todo el esfuerzo que dediqué a la asociación me fue devuelto con creces; en estas actividades se aprende muchísimo, no sólo sobre aspectos de la profesión que no son los que una practica, sino sobre relaciones humanas, buenas prácticas profesionales, expectativas y recelos que el público tiene de la profesión, relaciones con las administraciones…

También es muy bonito trabajar con los colegas por el bien común y conocer a personas, quizás muy distintas de una misma, que persiguen los mismos objetivos desde perspectivas que no siempre son las nuestras; yo he hecho muchos y muy buenos amigos en el contexto de mi trabajo en pro de la profesión. 

Al unirme a un organismo internacional, ámbito donde las prácticas profesionales en general están bastante establecidas y los problemas específicos se han de resolver internamente, me alejé durante un tiempo de las actividades asociacionistas. Pero pronto tuve ocasión de empezar a colaborar con la AIIC en los Países Bajos, específicamente en temas de formación permanente de intérpretes, que para mí es una actividad imprescindible.

Luego recibí una invitación para enseñar en el curso para intérpretes profesionales que se organisa todos los años en Cambridge, y me di cuenta de que estaba alentando a los participantes a pedir el ingreso en la AIIC –asociación a la que yo sola de entre todos los docentes no pertenecía – porque compartía su filosofía profesional plenamente. De manera que cuando mi querido amigo Javier Ferreira, entonces miembro del Consejo de AIIC por los Países Bajos, me preguntó por qué no había entrado aún en la AIIC, no tuve más remedio que pedir el ingreso, por vergüenza torera… 

MF: ¿Qué le dirías ahora a un aspirante a intérprete que te pidiera consejo?

LB: Dependería mucho del aspirante y del consejo que pidiera. A quien no tuviera dotes para la interpretación o la sólida base lingüística y cultural que ésta requiere, le diría que se buscara otra profesión. A quien tuviera dotes le animaría según sus circunstancias.

Ahora hay varias buenas escuelas de interpretación, y lo lógico sería que los aspirantes a intérpretes se formaran en ellas. Pero también hay otras formas de acceder a la profesión para quienes por sus circunstancias no pueden formarse en un centro convencional.

Por ejemplo, ante la dificultad de cubrir algunas vacantes en la OPAQ, donde los oficiales de idiomas han de ser tanto traductores como intérpretes, hubimos de optar en algunos casos por contratar a traductores con sólida experiencia que superasen una prueba de aptitud para la interpretación. He de decir que, durante el tiempo en que yo estuve a cargo del servicio de idiomas, ocho funcionarios contratados en estas circunstancias lograron, mediante un enorme esfuerzo personal, el apoyo de sus compañeros, la práctica supervisada –en cabina muda primero y en reuniones relativamente sencillas después – y en varios casos la posterior participación en el curso para profesionales de Cambridge, convertirse en auténticos intérpretes.

En cuanto a los jóvenes profesionales, creo que los intérpretes establecidos debemos ayudarlos en la medida de lo posible, dándoles trabajo cuando nuestras circunstancias lo permiten, consejo profesional positivo cuando vemos que les podría beneficiar, apoyo en cabina y ejemplo de buen hacer en todo momento, y no sólo por ellos mismos sino también para velar por el futuro de nuestra profesión. 

MF: ¿Qué otra cosa te habría gustado ser?

LB: También me hubiera gustado ser escritora o cantante. Son dos profesiones muy próximas a la nuestra; hay que dominar el lenguaje tanto para escribir como para interpretar, y una voz bien cuidada es imprescindible tanto para el canto como para la interpretación. El canto es una afición que cultivo en mi tiempo libre. 

MF: Para terminar, alguna anécdota: ¿qué es lo más raro o lo más interesante que te haya pasado como intérprete? (Y que se pueda contar, claro.)

LB: Como todos los intérpretes con muchos años de ejercicio de la profesión, tengo multitud de anécdotas raras e interesantes, y también muchas anécdotas divertidas. En este momento, recuerdo una que quizás tiene algo de las tres cosas. Cuando se estaba organisando la conferencia inicial con motivo de la creación de la OPAQ, allá por 1997, mi supervisor a la sazón, un diplomático, me dijo muy preocupado que las delegaciones consideraban que el coste de la interpretación (varias semanas de trabajo de dos equipos de 14 intérpretes) era demasiado elevado, y que si me parecía factible la sugerencia de un delegado a efectos de que contratáramos estudiantes de interpretación, para reducir gastos. Yo le dije que me parecía una idea estupenda, siempre y cuando las delegaciones de los Estados Partes también las integraran estudiantes de las correspondientes escuelas diplomáticas. Evidentemente, en cuanto este mensaje fue transmitido a las delegaciones se abandonó la idea.



Recommended citation format:
Mary FONS I FLEMING. "La voz del intérprete: Loreto Bravo". aiic.net. March 15, 2010. Accessed May 27, 2017. <http://aiic.net/p/3401>.



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