Traduttore Traditore: de consideración estética a estigma social

Intérpretes en zonas de conflicto y guerra: una palabra y un oficio bajo sospecha.

Resumen

La  insistente paronimia: “traduttore traditore” socava la integridad y presunción ética fundamental del trabajo de los intérpretes: su neutralidad. En este trabajo además de reseñarse la dificultad intrínseca de ese oficio desde una perspectiva lingüística se indaga sobre otros aspectos que podrían explicar su persistencia en la cultura, como la inquietante percepción inconsciente del “otro” y la encarnación de la alteridad que necesariamente deben realizar los intérpretes. El artículo incursiona en el carácter estigmático de lo que se entiende por deslealtad y traición y los abusos a los que el estigma ha podido dar lugar y no sólo en referencia a la traducción.


La razón de este artículo

No sé cuánto interés pueda tener narrar las circunstancias en que nace una idea o los motivos para emprender un trabajo. A mi me gusta conocer el telón de fondo, las biografías de los creadores y las circunstancias de sus obras, encuentro allí  un parecido al “making of” del cine. No les privaré del relato, sucedió así:

Los esfuerzos y trabajos por conseguir una declaración política internacional que reconozca el estatuto de los intérpretes y proteja su trabajo, la neutralidad de la versión y su seguridad física en zonas de guerra y conflicto han tropezado con demasiada frecuencia con una duda que hace flaquear los apoyos políticos, incluso en el caso de cancillerías de otro modo refinadas y propensas a mostrar simpatía por la causa. Los ministerios de Defensa y Exteriores, aun reconociendo lo imprescindible de una prestación fiable durante sus intervenciones en el extranjero, a la hora de cubrir a sus leales servidores con el manto de protección del asilo o refugio, una vez que culminan sus misiones, esgrimen con algo de sorna el temor de que detrás de un intérprete pueda esconderse una quinta columna. Y lo manifiestan, con media sonrisa y mencionando una condena universal disfrazada de retruécano, “traduttore traditore”, que habrá hecho fortuna como chascarrillo pero que resulta tan injusta como poco acreditada, ya que no ha sido sometida a un examen remotamente serio.  Lo que está acreditado, en cambio, es que la civilización  y la convivencia del hombre sobre la tierra serían inconcebilbles sin la mediación de la traducción y la interpretación, con todos sus límites e imperfecciones.

También sería recomendable evitar amalgamas y la repetición de lugares comunes. A nadie se le ocurriría dudar de la extraordinaria labor y del coraje de los corresponsales de guerra porque un terrorista  disfrazado de periodista acabara en 2001 con la vida de Ahmad Shah Massoud, de la Alianza del Norte, que por entonces era la esperanza blanca contra los talibanes afganos. Veamos entonces si conseguimos comprender el origen y trayectoria de esa expresión facilonga, aunque sea de modo parcial, y desmontar su abuso .

Sobre la posibilidad de traducir

No es éste el lugar para discutir la viabilidad  de la traducción ni su maltraída “fidelidad”, por más que la palabra “traditore” figure en el título.

Nadie conoce mejor que los traductores e intérpretes la enorme dificultad de la tarea. Ellos afrontan la expectativa de responder con una única versión a un texto del que podrían derivar un número incontable de versiones en función del tiempo histórico, del contexto, la distancia del par de lenguas, la existencia o no de correspondencias culturales, las expectativas de los destinatarios, las funciones supuestamente objetivas de la comunicación y un largo etcétera.

El inicio de la reflexión sobre esa dificultad es relativamente reciente, el SXIX, y el nacimiento de una incipiente lingüística científica el SXX, pero desde entonces esa reflexión no ha dejado de crecer , tomando conciencia de su propia entidad, ramificándose en semiótica, filología, teoría de la traducción y enriqueciéndose con la aportación de otras disciplinas como la psicología, la antropología cultural, la literatura comparada o la filosofía del lenguaje.

El origen de la infausta frase no está claro. Las opiniones van desde la irritación de intelectuales italianos con la dudosa belleza de las versiones francesas de Dante hasta la afirmación de que fueron los franceses los inventores de la italiana y musical frasecita, tesis que recoge Bozaher, traductora de Umberto Eco en su introducción a Dire presque la même chose 1.

 En cualquier caso, la posibilidad o no de la traducción alumbró un rico debate del siglo XX que se abrió en abanico desde la intraducibilidad de la poesía en Croce por consideraciones estéticas, o el extremo de negar cualquier reformulación, incluso dentro de una misma lengua 2 hasta la traducción/interpretación como revelación de lo esencial del discurso: Fue Benjamin quien defendió que :

De existir tal cosa como el lenguaje de la verdad, el depositario silencioso y carente de tensiones de la verdad final, a la que todo pensamiento apunta, ese lenguaje de la verdad entonces es el auténtico lenguaje. Y ese lenguaje cuyo discernimiento y descripción es la perfección a la que aspira el filósofo se encuentra escondido y concentrado en la traducción”  3.

Borges dijo casi lo mismo, aunque no lo parezca, con una sentencia ácida propia de sabios: “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio” 4.

El debate sobre “fidelidad” y “traición” en los traductores no es de hoy ni tiene verdadera enjundia intelectual y se apoya en la utópica aspiración de alcanzar equivalencias exactas. En 1932 Borges lo resumió para las letras en su opúsculo “Las versiones homéricas” a cuya lectura me remito 5. Sin la aportación de lingüistas el mundo que hoy conocemos no existiría. ¿Cuánta utilidad habrían tenido, de haber permanecido en griego, los principios de Arquímedes? ¿o en latín los de Galileo o Copérnico? ¿Cómo explicar el Renacimiento sin los conocimientos astronómicos y científicos arábigos y griegos que domeñó un grupo de traductores e intérpretes conocidos por el genérico de Escuela de Traductores de Toledo? Citaré sólo otro ejemplo, éste estadístico, del universo literario: de “Alicia en el país de las maravillas” existen 7.600 ediciones en 174 idiomas. Cómo concebir la coexistencia de las naciones y el edificio de sus difíciles relaciones sin la aportación de intérpretes.

Lo que aquí, de verdad, nos ocupa es la pervivencia en la sociedad y la incomprensible utilización de una paronimia sentenciosa y banal que afecta el trabajo y la seguridad de traductores e intérpretes en zonas de conflicto pero también la integridad moral de un inmenso colectivo. Y esto merece un examen desde otras perspectivas.

 El intérprete como el otro

La percepción de la lengua como una realidad en si misma, separada e independiente del universo material, relacional e identitario de quien la habla es una construcción relativamente reciente. Como lo es nuestra admisión de que los contenidos portados por un material lingüístico o idioma, es conmutable, de un modo tal vez imperfecto pero plausible, a otro.

Las llamadas hipótesis de Sapir-Whorf, refiriéndose a la capacidad de comunicar entre dos lenguas proponen que es ilusorio imaginar que quepa adaptarse a una realidad sin utilizar el idioma propio de la misma“Lo cierto es que el “mundo real”, en gran medida, se construye inconscientemente basándose en los hábitos lingüísticos del grupo. No hay dos lenguas que sean suficientemente semejantes para dar lugar a la consideración de que representan la misma realidad social” 6 o, “resulta imposible hablar sino se suscribe la organización y clasificación de los datos 7 dentro de esa sociedad.

Está claro que esta proposición, sin haber sido completamente abandonada, se ha matizado, para hacer que la dificultad de transposición lingüística sea una cuestión de grado, contexto, circunstancias y tipo de comunicación.  A los efectos del tema que nos ocupa propongo recordar la dificultad para informarse de primera mano sobre la comunidad de talibanes pastunes que prefiere mantenerse impermeable a todo contacto con el mundo, algo que nos recuerda el obstinado rechazo de Moctezuma a comunicarse con el exterior 8 porque nos permite también aproximarnos al odio que suscitan los intérpretes que al conocer la lengua pertenecen naturalmente a su comunidad solo que, a sus ojos, están dispuestos a la abjuración por un plato de lentejas.

La cuestión de la percepción del intérprete está lejos de ser una cuestión baladí. Me refiero a la percepción del mismo por la parte interpretada, por el destinatario de la versión y por el propio intérprete.

 Hay cuestiones materiales accesorias, también relevantes pero a las que aquí sólo aludiremos, a saber: quién recluta o contrata (estableciendo aparentes supuestos de jerarquía y dependencia), acompañando a cuál de las partes acude el intérprete al encuentro y su apariencia visual (ropas de ciudad o tribales, velo, uniforme, brazaletes, distintivos, insignias, armas, etc.). La cuestión de la visibilidad volveremos a encontrarla, más adelante en otro contexto.

 La percepción del intérprete por quien lo recluta ha ido cambiando con la historia y las circunstancias. No se puede comparar con la actual contratación de intérpretes en Occidente por los organismos internacionales aunque sí existen rasgos idénticos en todas las empresas de guerra y conquista, sea cual fuere su tiempo: la imposibilidad de contar con un número suficiente de intérpretes de lenguas locales provenientes de la comunidad invasora y la necesidad de recurrir a intérpretes locales o de formarlos para atender las comunicaciones en lenguas autóctonas. El segundo rasgo común que se produce seguidamente al anterior es la sospecha sistemática que se proyecta sobre esos intérpretes locales de actuar como quintacolumnistas, informadores o espías por cuenta de un enemigo real o imaginario y el establecimiento de controles y penalidades estrictos y bien documentados . Ello ha sido así a lo largo y ancho de la historia, desde Cortés y la Conquista de América 9, pasando por los Balcanes y hasta las guerras del Pacífico, de Irak, Afganistán, etc.

No cabe duda y consta en conflictos étnicos y religiosos la actitud misionera o militante de quienes, por medio de su prestación como intérpretes, creen encontrar una tribuna para explicar e informar mejor sobre intereses particulares de los que hacen bandera 10.. Esto suele producirse como consecuencia de graves disfunciones en el proceso de contratación, por las urgencias que impone el momento o como una desviación del ordenamiento social y de las normas de actuación. Pero no explica, ni mucho menos, una sospecha prejuiciosa y generalizada. 

Recordemos ahora que es una convención universalmente admitida, que como parte de una prestación profesional, el intérprete se manifiesta en primera persona asumiendo, alternativamente, la identidad de quien habla. Ese, por lo menos triángulo de “yoes”, escasamente examinado, marca un territorio donde podrían dirimirse algunas dudas. ¿Cuál, quién es el verdadero “yo” del intérprete? ¿Cuándo y para quién es el “otro”? ¿Cómo lo perciben las partes? ¿Sabe o sospecha el intérprete a quién encarna cuándo dice “yo”?

Yo, el bárbaro

Sabemos que los griegos llamaban bárbaros a quienes desconocían su lengua   (onomatopeya del aparente balbuceo de lo incomprensible: bar-bar) por más que eran conscientes de la existencia de las civilizaciones india o china a las que igualmente calificaban de bárbaras. En parte, esto se explica por el hecho de que en griego “palabra” y “conocimiento” son la misma voz: “logos”11. Sucede que aquel, cuya lengua desconozco, representa también todo lo que ignoro y temo, el pozo sin fondo de lo ignoto, los misterios del más allá que en realidad no están más allá sino en nosotros mismos. Es la parte oscura, lo irracional, nuestra sombra.

La sombra se emparenta con lo “ominoso”, la “inquietante extrañeza”, el “Das Unheimliche” de Freud, algo en nosotros que es al tiempo arcaico y conocido, familiar y demoníaco, que estando destinado a permanecer oculto, irrumpe de pronto a la luz 12.

Ese inconfesable miedo que nos habita lo encarna el “otro” a quien tememos: el bárbaro. La inquietud por lo desconocido en nuestro interior nos aterroriza en ese “otro”, porque lo representa. Según Levinas también podría entenderse como miedo al infinito que el otro encarna. El “otro” no como persona sino como totalidad, como representación de lo insondable, de la alteridad que somos incapaces de abarcar 13.

La percepción inmediata, instintiva del otro hostil es cimiento de prejuicios sociales, de derivas racistas y de discursos de odio, particularmente en estos tiempos de desplazamientos migratorios masivos en el que los intérpretes desarrollan además una labor humanitaria. No es éste el lugar para abordarlo pero su relación con el tema se presta a un necesario examen.

En el momento de la prestación el intérprete, a dos aguas entre el mundo real y el infinito oscuro, hace aflorar ante sí mismo y ante los demás el “otro”, ese que vive dentro como un doble, una máscara. No es fácil situarse ante esa exhibición y aceptar con confianza las manifestaciones verbales del diálogo. No lo es para los interlocutores en conflicto, que cuando oyen la palabra del intérprete en su propia lengua sienten un sesgo favorable pero cuando lo oyen dirigiéndose al “otro”, la palabra incomprensible resuena como un eco tenebroso. La situación es aun más tortuosa para el intérprete: debe identificarse con unos y otros para portar su discurso en primera persona bordeando, a veces, la impostura. El intérprete convive con su ambivalencia, con su doble y a la luz pública le toca tirar de los hilos, como un titiritero.

Marzano ve en ese “otro” que también es nosotros, la imagen que nos devuelve el espejo “que introduce una distancia en el corazón mismo del parecido”. “Yo” antagonista y hermano, “yo” y  “otro”, nuestro doble como “hálito vital y también como ángel guardián asegurando la inmortalidad; “doble” a la vez material y descarnado , capaz de trascender la finitud del cuerpo” 14.

Lo que precede está referido a situaciones comprometidas con partes adversas e intérpretes pero también es del ámbito de lo cotidiano y del mundo real y lo trae a colación Marzano citando a Rimbaud: Je est un autre, o al Ingmar Bergman de Persona y a los que se podría añadir el “Yo soy el otro” de Borges. Pero todos hemos tenido la experiencia del “otro” la primera vez que oímos nuestra voz grabada. Ese día escuchamos perplejos su eco.

Estigma

Nos viene de la Grecia antigua, στίγμα, marca que se inscribía en el cuerpo de los esclavos,  criminales o traidores para reconocerlos o evitarlos en el trato social o en la vía pública. Goffman (1963) describe cómo, ante la irrupción o presencia del extranjero, anticipamos su categoría y atributos, o sea su identidad social. Cuando se produce una discrepancia entre el estereotipo de nuestra identidad social y la identidad social real del otro, del extranjero, las diferencias visibles o atribuibles lo convierten en alguien profundamente indeseable, peligroso o malo 15.

Goffman distingue tres tipos de estigma. Las abominaciones del cuerpo y las deformaciones físicas, seguidamente rasgos de carácter dominantes, creencias rígidas, alcoholismo, criminalidad, adicciones, alcoholismo o las enfermedades mentales y por último los estigmas tribales de raza, nación y religión que afectan a todos los miembros de la familia. Esta última categoría de estigma ha sido desarrollada por Falk (2001) 16 para quien "nosotros y todas las sociedades siempre estigmatizaremos alguna condición y algunas conductas porque hacerlo confiere solidaridad al grupo al diferenciar entre quienes pertenecen al grupo y quienes no (“insiders” y “outsiders”)”.

De la misma manera que convivimos con nuestra propia sombra y tememos la presencia del “otro” que la representa, todos somos también estigmatizadores y estigmatizados. Nadie puede encarnar el modelo perfecto de nuestra sociedad y ocultamos o disimulamos aquello en lo que no estamos completamente a la altura. En la sociedad norteamericana todos los hombres aspiran pero no pueden ser el varón impoluto del modelo: “joven, casado, blanco, urbanita, heterosexual, del Norte del país, protestante, titulado universitario, en pleno empleo, de buena complexión, peso y altura y un historial reciente y destacable en deportes” 17.

Cada cual aprende a sobrellevar o disimular su más o menos visible carencia, sus pequeñas zonas grises, su pequeño lugar de la Mancha, su estigma. Con frecuencia de manera oculta, imputando a los demás esos y peores males y temores, cuestión consubstancial al prejuicio y la fabricación de chivos expiatorios.

En el caso de la traducción o de la interpretación, una versión que ilumina un concepto, una nueva metáfora o una conceptualización desnuda de intereses,  distinta de aquellas del gusto del poder pueden dar lugar, como estamos viendo, a la descalificación de un colectivo o a la práctica de matar el mensajero, de largo prontuario histórico y moneda corriente aun en este tiempo y hora.

La gestión de los estigmas sociales forma parte de nuestro cotidiano. Es objeto de estudio en la academia y de debate en el mundo de la educación y en la sociedad. ¿En qué medida aceptamos y tratamos condescendientemente como “normales” a los que consideramos, justa o injustamente, que no lo son? ¿En qué términos los estigmatizados incorporan su estigma real o atribuido en las relaciones con los demás y en el discurso?

La cuestión de la visibilidad, ya evocada, es un factor crucial en la situación del intérprete. También lo es en la gestión del estigma que puede ser inmediatamente evidente en un rasgo o deformación física, un tartamudeo, el color de la piel o se puede esforzar por mantenerlo en secreto, como un expediente médico, o la condición de ex-presidiario, prostituta, ladrón o disimular el origen con la mejora de la dicción o aclarado de la piel como pócima para la admisión sin reservas en el colectivo de los “normales”.

En el caso de los intérpretes es obvio que su función no sólo no se puede sino que no se debe ocultar, debe marcarse de manera explícita pero evitando hacerlo de manera llamativa y rehuyendo cualquiera de los rasgos exteriores emblemáticos de las partes. No podrá soslayarse, sin embargo, la aprehensión inconsciente, la sombra ominosa del “otro” que el intérprete evoca. La gestión de estas situaciones es una ingente tarea aun pendiente.

El examen  de la lealtad y la percepción de lealtad en el manejo de información confidencial o estratégica dentro de grupos podría ser un hilo conductor para trabajos futuros. En otro trabajo, Goffman 18 distingue entre informadores, espías, claque e impostores como personas que adhieren al grupo con intención torticera. Los traidores ingresan al grupo identificándose con sus valores para cambiar de casaca un vez dentro del mismo. La expectativa y percepción de neutralidad de intermediarios, árbitros, mediadores y hasta presidentes de sesiones formales son también de interés. Goffman incursiona en el terreno pero se impone un trabajo ulterior desde la perspectiva de intérpretes en situaciones de conflicto, pero también en los tribunales, en los servicios públicos y en los foros internacionales. Sería útil que también el código deontológico de la profesión diera un paso adelante en un autoexamen más acorde con los tiempos. Ello allanaría parte del camino para su reconocimiento en la sociedad. 

Está claro que cuando el estigma permanece sumergido en las grutas tribales, sin que se reconozca o admita siquiera su existencia será imposible empezar a tratar sus manifestaciones o actuar ante su abuso. Hasta la fecha la infame frasecita no ha asomado de la caverna.

Traidores

Traicionar la confianza de un grupo o de una relación es hondamente reprobado en la sociedad y uno de sus estigmas más antiguos y elementales. Por esa misma razón también se ha prestado al abuso y, por ello, toca romper una última lanza.

Traición sólo puede producirse dentro de una relación de confianza o de amor, sea a una persona, amigo, padres o hermanos 19 pero también se puede traicionar el espírtu y las normas de convivencia, disciplina u obediencia dentro de un grupo.

Adán fue expulsado del Paraíso por traicionar el orden de Dios que prohibía  comer del árbol central del Jardín del Edén. Nada menos que el árbol que abre la puerta del conocimiento y de la moral “diferenciadora entre el bien y el mal”, antes reservados exclusivamente a Dios. Si éste creó al hombre, Adán o su traición, permitió que saliera de su beatífico estado de bestia devoradora de uvas en el Paraíso para acceder plenamente a su condición de hombre libre y responsable de sus actos.

La traición de Judas, es otro clásico en Occidente que nos interpela. Un ejemplo más de paronimia feliz, ésta subconsciente, entre su nombre Judas y judío, que invita al prejuicio. Mas allá del casi imposible debate histórico y la exégesis de las traducciones del arameo y del griego de los apóstoles, queda una acción del discípulo elegido por Jesús en la que estudiosos ven el sacrificio que lleva a Jesús a realizar su destino universal: Judas, único entre los apóstoles, intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito 20.

Esos que parecen acontecimientos lejanos tal vez no lo sean tanto porque conviven con nosotros y sobre ellos podemos leer en la prensa diaria. Conocemos, muchas veces con nombre y apellido, quienes viven a la sombra de una Iglesia, de un círculo de intelectuales o de poder , sea por temor, ambición o mera hipocresía; deslumbrados por un iluminado, por el fanatismo o por su propio lado oscuro que “otro”, con más reaños, encarna.

Afortunadamente hay también quién afronta sus demonios y la lista es más larga que la justicia, siempre tardía e insuficiente. Allí están Giordano Bruno ante la Iglesia, Alfred Dreyfus ante los prejuicios antisemitas en Francia o José Martí, acusado de traidor antes de realizar su destino de prócer. Ante las verdades unívocas e irreversibles o el pensamiento único se inscriben, entre otros, Albert Camus, Paul Nizan, Joseph Brodsky, Aleksandr Solzhenitzn, Vladimir Mayakowski,  Andrei Sakharov, Itzjak Rabin asesinado por un iluminado o Amos Oz defendiendo a pecho descubierto su integridad moral y el derecho a crear libremente, a disentir, a ser “otro”.

Tenemos que apuntar que se trata del mismo juego con el que, en estados totalitarios e incluso en algunos reputados de democráticos, se recurre a teorías de la conspiración y acusaciones de lesa lealtad para descalificar a opositores. A veces el pretendido traidor, recurre a la única vía abierta al aire fresco, cortar las amarras con autoridades irrevocables y sociedades cerradas y sofocantes, donde es más fácil sobrevivir la ensoñación autista bajo una supuesta proteccción.

Traducir o interpretar es, después de todo un acto creativo y de libertad: la elección de un sentido dentro de los muchos posibles en otro universo conceptual; algo no muy distinto a la acción de comunicar dentro de una misma lengua. Es una búsqueda de significación en un laberinto de espejos deformables cuyo resultado no deberíamos juzgar desde el estigma sino aceptar como un enriquecimiento.  

En su Laberinto de la soledad, Octavio Paz (1950) 21 afirma que los mexicanos, los de hoy, porque los del SXVI todavía no se habían inventado, se definen cargando contra el extranjero “esos hijos de la Chingada”, un enemigo imaginario, una vez más los “otros”. La Chingada es la representación de la madre violada y La Malinche el símbolo de la entrega, imperdonable traición. Paz reconoce sin embargo que: 

… en ese grito renegamos de nuestro hibridismo... El mexicano no quiere ser ni indio ni español… Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada”.

La nueva escritura en América se busca mas allá de la entrega pasiva, ve en La Malinche una reivindicación de la mujer y en el mestizaje el germen de una nueva nación mexicana 22. Tampoco la traducción aspira a la pureza, a la fidelidad autista y mal entendida. El fermento y la aportación de los traductores surge de esencias mestizas, de cuños diversos, muchas veces antagónicos, que acaban en nuevos vástagos. Así es la historia del hombre, de su cultura, de su música. Y también de la naturaleza que esparce al viento su polen ciego.

Conclusión

Un consenso político no se modifica sólo como consecuencia de cambios de concepción. También necesita tiempo y coyunturas favorables. Ese será, seguramente, el decurso de una declaración política internacional que reconozca el estatuto de los intérpretes. Pero el debate sobre los conceptos es importante y en algún momento debe iniciarse. Es lo que en realidad se pretende al abordar la sombra que el “otro” proyecta, los abusos del estigma y, sobre todo, al reivindicar la creatividad en la elección de un significado como un acto de libertad y no de deslealtad. El manejo de la percepción de deslealtad necesita mayor reflexión. También sería útil que el código deontológico de la profesión diera a su vez un paso al frente haciendo una reflexión acorde con los tiempos.


Referencias y otras lecturas

1 Unos apuntes sobre el origen de la frase se pueden consultar en: Cohen, Bernard. (2008). L’OBS, Blog, Found in Translation; Traduttore… traditeur? Les mystères d’une formule rabâchée; disponible en: http://art-de-la-traduction.blogs.nouvelobs.com/archive/2008/01/05/traduttore-traditeur-les-mysteres-d-039-une-formule-rabachee.html (consultado 03 marzo 2016)

2 Croce, Benedetto. (1912). Breviario de estética, Alderabán Editores. Fish, Stanley.(1980). Is There A Text In This Class? The Authority of Interpretive Communities. Cambridge, MA: Harvard UP. Ver también: Steiner, George. (1975). After Babel, Aspects of Language and Translation, Oxford University Press.

3 Benjamin, Walter.(1923). The Task of the Translator, en Benjamin, W. Illuminations, Fontana Collins. Disponible también en: http://users.clas.ufl.edu/burt...

4 Borges, Jorge Luis. (1932). Las versiones homéricas, en Borges, J. L.: Discusión, Emecé Editores, Buenos Aires. Ver también: Borges, J. L, (1926): Las dos maneras de traducir. En Textos recobrados 1919-1929, pp. 256-259. Buenos Aires; Emecé.

5 Borges, Las versiones… Ibid.

6 Sapir, Edward. (1958).  The status of linguistics as a science, en E. Sapir Culture, Language And Personality, D. G. Mandelbaum, editores, Berkeley, CA University of California Press.

7 Whorf, Benjamin Lee. (1940). Science and Linguistics, en Technology Review 42(6), pp. 229-31, 247-8.

8 Todorov, Tzvetan. (1987). El problema del otro, en Todorov, T.: La conquista de América, México, Siglo XXI Editores.

9 Archivo digital de la legislación del Perú. (1583, base de datos), Leyes de Indias,  Libro Segundo, Título 29, De los Intérpretes: disponible en http://www.leyes.congreso.gob....

10 Stahuljak, Zrinka. (1999). The Violence of Neutrality: Translators in and of the War (Croatia, 1991-1992), College Literature 26(1): 34-51, Special Issue, Cultural ViolenceVer también: Tymoczko, María. (2000). Translation and political Engagement: Activism, Social change and the Role of Translation, 2000, The Translator 6(1) pp. 23-47.

11 Todorov, Tzvetan. (2008). La Peur des barbares. Au-delà du choc des civilisations, Robert Laffont, Paris.

12 Kristeva, Julia. (1988). Etrangers à nous-mêmes, Fayard,  y Freud, Sigmund. (1919). Obras Completas, vol XVII, Lo ominoso p.220, Amorrortu Editores, Buenos Aires.

13 Levinas, Emmanuel. (1971): Essai sur l’extériorité, en Totalité et infinie, Le Livre de Poche, también disponible en: https://monoskop.org/images/5/...

14 Marzano, Michela. (2009). Visages de la peur, Presses Universitaires de France.

15 Goffman, Erving. (1963). Stigma, Notes on the Management of Spoiled Identity, pp. 11-13, Penguin Books.

16 Falk, Gerhard. (2001).  Stigma: How We Treat Outsiders, Prometheus Books.

17 Goffman, Erving: Stigma, Ibid, pp.153.

18 Goffman, Erving. (1959). The Presentation Of Self In Everyday Life, Penguin Books, pp.141-149.

19 Galimberti, Umberto. (2004). Amore e tradimento. Il lato oscuro dell’amore e la conscenza di sé, en Galimberti, U.: Le cose dell’amore, Feltrinelli Editori, Milano

20 Borges, Jorge Luis. (1944) Tres versiones de Judas en Borges, J.L.: Ficciones, Alianza Editorial; Ver también: Voce Evangelica. (2016) Giuda? Non è un traditore!, disponible en: http://www.voceevangelica.ch/miscellanea/miscellanea.cfm?item=379, De Quincey, Thomas (1852): Judas Iscariot, disponible en http://www.readbookonline.net/readOnLine/27802/ , y Klassen, William.(1996). Judas, Betrayer Or Friend Of Jesus?, Fortress Press.

21 Paz, Octavio. (1950). Los hijos de la Malinche, en Paz, O.: El laberinto de la soledad,  Alianza Editorial.

22 Hoppe Navarro, Marcia. (2011). Mitologías Hoy, El mito de la Malinche en la obra reciente de escritores hispanoamericanos, Nº4, Invierno 2011, 5-14, Universidad Federal de Rio Grande do Sul, disponible en: http://revistes.uab.cat/mitologias/article/viewFile/v4-hoppe/14, y Messinger Cypess, Sandra. (1991). La Malinche In Mexican Literature: From History To Myth, University of Texas Press, Austin.



Enter your footer here, if any

Recommended citation format:
Eduardo KAHANE. "Traduttore Traditore: de consideración estética a estigma social". aiic.net. October 27, 2016. Accessed February 26, 2017. <http://aiic.net/p/7787>.



Message board

Comments 2

The most recent comments are on top

Eduardo KAHANE

   

Me hago eco de los comentarios de Linda Fitchett sobre la oportunidad e importancia de apoyar la petición al Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, organizada por una coalición internacional que incluye a AIIC, reclamando “una declaración internacional que reconozca la condición de intérprete y la neutralidad de su versión ofreciendo un entorno de trabajo seguro con garantías de integridad física para ellos y sus familias en zonas de conflicto…”

Esta petición sigue abierta a su firma en: https://www.change.org/p/urge-...

 

 

 

Total likes: 2 2 | 0

Linda Fitchett

   

"A major effort has gone into the attempt to obtain an international declaration recognizing the status of interpreters and the neutrality of their output, providing them with a safe working environment and guaranteeing their physical integrity in zones of war and conflict....."

Let's not forget: The AIIC ICZ group, Red T and FIT together produced a Field Guide http://aiic.net/page/3853/aiic..., and with their partners (IAPTI, WASLI, CLI and others) in an international coalition launched a petition to the UN https://www.change.org/p/urge-...- which you can please still sign!

Total likes: 2 2 | 0